No fui capaz de bajarme en tu parada.
Pasé por delante metida en un vagón de metro, las manos agarrotadas de apretar tan fuerte el bolso y los ojos temblando de haber olvidado la última noche que te hice el amor. Pensé en bajar y buscarte, en llamar, en vigilar tu portal. Pensé miles de cosas y de pronto estaba otra vez bajo tierra.
Luego te busqué sin querer en el Café y Té de la Gran Vía, con la excusa de ir a comprar otro paquete de tabaco que me acercara más a ti, o me alejara, yo qué sé.
Detrás, la parada del autobús vacía. Pruebo a entrar en casa, pero a estas alturas hasta las llaves se resisten a girar en la cerradura. Estoy aullando por dentro a la espera de que en algún sueño me oigas, tú que tanto me quisiste, mi pobre ángel y por mí tan mal herido.
No voy a pedir perdón.Voy, en vez de eso, a intentar domesticar mi tristeza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario