martes, 2 de noviembre de 2010

Tu barrio.

No fui capaz de bajarme en tu parada.
Pasé por delante metida en un vagón de metro, las manos agarrotadas de apretar tan fuerte el bolso y los ojos temblando de haber olvidado la última noche que te hice el amor. Pensé en bajar y buscarte, en llamar, en vigilar tu portal. Pensé miles de cosas y de pronto estaba otra vez bajo tierra.
Luego te busqué sin querer en el Café y Té de la Gran Vía, con la excusa de ir a comprar otro paquete de tabaco que me acercara más a ti, o me alejara, yo qué sé.
Detrás, la parada del autobús vacía. Pruebo a entrar en casa, pero a estas alturas hasta las llaves se resisten a girar en la cerradura. Estoy aullando por dentro a la espera de que en algún sueño me oigas, tú que tanto me quisiste, mi pobre ángel y por mí tan mal herido.
No voy a pedir perdón.Voy, en vez de eso, a intentar domesticar mi tristeza.

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