La esperanza me obliga a considerarte muerto.
Y como una viuda que llora la gran ausencia te recuerdo.
Hoy me desperté bañada en un sudor desquiciante, tu voz todavía en mi boca y tu mirada hundida en el más ilimitado de los horizontes. La crueldad de tus palabras esta noche ha superado el dolor de tu silencio. Cómo enmendar una muerte...ya no hay caso. Y yo que prometí creer en la vida.
Maravilloso pequeña
ResponderEliminarrecuerda que el animal romántico es aquel que sabe sufrir, para luego saber vivir