Algunos opinan que entre el amor y el odio existe sólo un paso, una línea muy fina. Tiene sentido. Pero yo prefiero pensar que el amor CONLLEVA el odio, intentando así alejarme o protegerme de las garras de ese sentimiento oscuro.
Algún abrazo medio fingido atenúa de vez en cuando mi soledad; algunos parecen tan reales que hasta me hacen dudar de ella. Debo tener cuidado con eso, es terreno peligroso. No puedo permitirme olvidar ni por un instante si quiera que estamos eternamente sólos. La soledad es el otro nombre de nosotros mismos, la otra cara, un sinónimo. No podemos pretender, somos sólo fichas de un ajedrez inmenso.
No debo dejarme sorprender de nuevo por mi ingenuidad. Qué podria ofrecerte, al fin y al cabo. Mi noche. Mi cuerpo frágil, cansado de rezar. Mi boca tuerta, no más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario