lunes, 18 de octubre de 2010

Yo no puedo encerrarme en un título. Pero qué injusto es parecer por ello  fría o insensible, admirar la libertad no significa tener vetado el amor. Bastante me limitan ya mi sexo y mi apellido, no necesito más rejas.
Te aterra tanto imaginar un amor sin nombre.. ¡como si así fuese éste a ser menos puro! Yo soy tu amante y tu amiga, tu madre y tu hija. Tu compañera. Lo que tú quieras, lo que nosotros queramos. Así es en mis sueños. Pero de nuevo me encuentro víctima de las nomenclaturas. Quiero inventar un idioma en el que sólo las personas que se quieren se entiendan. Estoy enfadada. Contigo y conmigo, con el mundo, con los diccionarios, con el presidente del gobierno, con el Dios en que no creo.

Quizá yo no quiera ser mujer, ni ser alguien, ni ser yo. Sólo sé que me ahogo en los nombres impuestos a muchas cosas que deseo abstractas, que me rodean etiquetas fascistas e injustificadas. Ojalá algún día comprendas mi razonamiento. Te echo de menos. Ahora tengo que dormir con dos almohadas en la cama para notarla menos hueca.

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